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Historia de mi firma

Mis primeros cuadros los firmé con mi nombre entero, Eva Ricart Tapia, tal cual, pero pronto lo encontré muy largo así que intenté cambiar mi firma hasta reducirla a Eva R.T., acompañándola del año. Siempre, aconsejan evitar firmar con las iniciales, ya que la gente no puede identificarte como el artista, pero a mí eso me dio un poco igual, porque me hacía más gracia que en mi firma se intuyera la palabra ART, y que, además, coincidiera con la terminación de mi primer apellido. Me encantan las casualidades.

Me ha interesado mucho siempre el diseño de los logos y la creación de imagen de marca. Me parece todo un reto representar tu identidad en una sola figura gráfica, usando colores, tipografías, composiciones hasta llegar a darle la forma definitiva. Cuando empecé a vender mis creaciones y a realizar encargos, me animé a buscar una especie de “logo” o “imagen” con la que la gente identificara mi obra y no fue tarea fácil… Encontré tantas posibilidades que tardé en decidirme por una. Entre ellas estaba una hoja de higuera, mi ojo entre hojas, mi firma sobre una pincelada dorada…. En realidad ninguna respondía a mis preguntas. Lo dejé reposar un tiempo y al final encontré un diseño que podía contestar a alguna de esas preguntas y que se acercaba bastante a como soy, a lo que me gusta y a lo que en el futuro quisiera llegar con la pintura.
Mi diseño está compuesto por la combinación de dos pequeños fragmentos de mis cuadros preferidos; uno que contiene mi firma más estilizada y otro que es un detalle del retrato de Mäda Primavesi de G. Klimt que utilicé en la versión de mi cuadro “After make-up”.
Tiene el fondo verde como referencia a la naturaleza que me tanto me inspira, junto con ese colorido detalle de forma indefinida, que no se sabe muy bien lo que es. Parece una flor, un corazón, restos de pintura o simplemente eso, manchas de pintura formando una abstracción que puedes interpretar como tú quieras y sientas.